En la República Romana, durante la segunda mitad del siglo II a.C., se desarrollaron una serie de convulsos enfrentamientos entre los optimates, políticos de corte más conservador, y los populares. Los hermanos Graco se situaron a la cabeza de los segundos, protagonizando una lucha encaminada a la supresión de las desigualdades sociales de Roma. Su posición aristocrática y su exquisita educación bajo el estoicismo griego, los llevó a proponer leyes de un empaque jamás visto en la historia de la República.
La importancia política y social de los hermanos no puede entenderse sin la figura de su madre, Cornelia Escipión. La Africana, fue extremadamente admirada ya en vida, llegando a convertirse en un verdadero icono de virtud. Su éxito en la historia del arte se ha extendido hasta nuestros días, ligando su figura a la de sus hijos.

A lo largo de este artículo de mirar…, vamos a bucear en la historia de la familia Graco. Nos centraremos primero en los hermanos, analizando su papel político y sus iconografías más usuales. A continuación, nos enfocaremos en la matrona de la familia, modelo ideal de romana. Por último, analizaremos el papel anecdótico en las artes del pater familias y de la pequeña Sempronia.
LOS HERMANOS GRACO
Los Graco, aristócratas romanos de largo abolengo, ejercieron la política durante la segunda mitad del siglo II a.C. Su ascendencia y su exquisita educación los encaminó a ocupar altos cargos dentro del partido de los populares. Desde estas posiciones de poder, intentaron implantar reformas encaminadas a combatir las desigualdades sociales existentes. Estas diferencias ya habían sido denunciadas dos siglos antes por la plebe, derivando en la famosa revuelta del Aventino. Sin embargo, el alcance de las propuestas de los hermanos Graco mostraban una magnitud jamás vista hasta ese momento, provocando cruentas disputas entre los optimates y los populares.

Para comprender la transcendencia de las propuestas planteadas por los hermanos, debemos establecer primero lo que era el Ager publicus en la Antigua Roma. El Ager publicus era la tierra pública que tenía que ser repartida equitativamente entre todos los ciudadanos romanos. Sin embargo, estos terrenos comenzaron a ser adquiridos de manera masiva por ricos patronos. Los pequeños y medianos propietarios, obligados a ejercer el servicio militar, dejaban desatendidas sus propiedades durante largos períodos de tiempo. Ello les impulsó a buscar una salida mediante la venta de sus dominios. Los grandes latifundistas patricios adquirían estos terrenos que eran trabajados por cautivos procedentes de las campañas bélicas. Los itálicos, al retornar de su servicio militar, quedaban sin tierra y sin empleo, siendo sustituidos por una masa ingente de esclavos, base del funcionamiento del futuro imperio.
Esta situación provocó una enorme desigualdad social en la que unos pocos patricios se enriquecían en detrimento de la plebe. Tiberio Graco, el mayor de los hermanos, se dispuso a afrontar el problema de frente, proponiendo una ley, la Lex Sempronia, que planteaba limitar el tamaño de los latifundios existentes. El excedente de tierras debía ser repartido entre el resto de ciudadanos romanos, recuperando así el propósito del Ager Publicus. La oposición de los senadores más tradicionales fue fortísima, recrudeciendo el enfrentamiento entre populares y optimates. El conflicto llega a tal punto de tensión, que ambas facciones se enzarzan en una pelea durante una sesión del Senado. Los optimates acaban con la vida de Tiberio y de muchos de sus compañeros populares a golpes.

Cayo, tras la muerte de su hermano, mostró una política más sosegada y paciente. Sin tomar medidas de venganza, fue implementando muchas de las propuestas de su hermano, consiguiendo introducir reformas agrarias y reducir el control patricio en los juicios. Sin embargo, cuando intentó extender la ciudadanía romana a todas las provincias itálicas que pagaban tributo a Roma, los conservadores se revolvieron, provocando nuevas revueltas en la ciudad. Cayo y sus seguidores se refugiaron en la colina del Aventino, pero mercenarios de Creta contratados por los conservadores masacraron a los partidarios de los Graco. Cayo intentó escapar cruzando el río Tíber, pero al verse acorralado, se suicida solicitando a su esclavo que le dé muerte.

Pese a su asesinato, los hermanos Graco dejaron un poso reformista que caló muy hondo en la sociedad romana, en especial en el campesinado. Su influjo se reflejó en las acciones de futuros protagonistas de la historia de la república como Cayo Mario.
TIBERIO Y CAYO EN LAS ARTES PLÁSTICAS
La representación de los nobles Graco en las artes plásticas ha tenido una fortuna dispar a lo largo de los siglos. Su presencia en el arte romano es anecdótica, quizás como consecuencia de su caída en desgracia y asesinato.
Durante la Edad Moderna los gobernantes de los regímenes absolutos occidentales se interesaron más en modelos imperiales o mitológicos que emplearon de manera propagandística. Durante ese tiempo, los hermanos se representarán en general en tierna edad y acompañados de su madre, verdadera protagonista de la escena. Los varones se muestran, en consecuencia, como personajes accesorios de los episodios más famosos de la admirada matrona. Habrá que esperar, por lo tanto, para que el papel político de los Graco se convierta en tema de interés general.

Ese momento llega con los grandes pensadores ilustrados, que sembraron el germen de las revoluciones de finales del siglo XVIII, y propiciaron un contexto social de apoyo a la razón y la fraternidad. Francia se puso a la cabeza y adaptó modelos de la Roma republicana a su propia situación sociopolítica. En este marco de apoyo a la moralidad pública parecía adecuado la apropiación de la figura de los hermanos Graco, nobles romanos garantes de igualdad entre todos los ciudadanos.
En general, los artistas se centraron en los episodios más dramáticos de la vida de los políticos. El asesinato de Tiberio aparece con frecuencia en los manuales de historia, pretendiendo saciar el fuerte enciclopedismo de la sociedad ilustrada. Sin embargo, en la pintura de gran formato será más habitual la representación de la huida y suicidio de Cayo. Es usual que los artistas muestren la emotiva despedida del político con su familia con referencias que nos remiten a modelos davidianos. Por otro lado, el suicidio del hermano pequeño, como reconocido estoico, se mostrará acorde a la gravedad del momento y exhibirá ciertos paralelismos con obras relativas al suicidio de Catón. No debemos olvidar que el filósofo es considerado el estoico ideal.

Un característica común de todas estas representaciones es el empleo de un lenguaje marcadamente clasicista, con la introducción de arquitecturas grecorromanas que reflejan el gusto por la recuperación de la Antigüedad Clásica.
La asociación de los hermanos con la idea de justicia social y democracia se mantuvo con fuerza en el siglo XIX, con ejemplos tan paradigmáticos como el doble busto de Eugéne Guillaume. Los hermanos, con semblante solemne, entrelazan sus manos sobre las leyes agrarias reformistas que defendieron hasta su muerte, anteponiendo sus ideales a su propia seguridad. El abrazo de los hermanos enfatiza el concepto de fraternidad y unión familiar frente a las dificultades. A finales del siglo XIX, el interés en los Graco se va apagando poco a poco.

CORNELIA COMO MODELO DE VIRTUDES
Madre de los Graco e hija de Escipión el Africano y Emilia Tercia, provenía de familias patricias muy respetadas. Desde niña recibió una exquisita educación, exhibiendo una gran fortaleza de carácter y unas aptitudes excepcionales para la práctica de la política. A los 17 años se casó con Tiberio Sempronio Graco, cónsul y censor, con quien tuvo 12 hijos, de los cuales solamente tres, Tiberio, Cayo y Sempronia, llegaron a edad adulta.

La matriarca de la familia gozó de una proverbial fama ya en vida, llegando incluso a erigirse una estatua en su honor en el foro romano. Este reconocimiento fue absolutamente excepcional, máxime al tratarse de una mujer. Autores como Marcial, Tácito o Juvenal la mostraron como una mujer y madre fuera de lo normal, sembrando las pautas que conformaron su imagen como icono de virtud e ideal de matrona romana.
Su fortaleza e independencia se constató al enviudar de su esposo. Cornelia toma la determinación de no volver a contraer nupcias, permaneciendo fiel a la memoria de su marido. Rechazó ofertas de matrimonio tan atractivas como la de Ptolomeo VIII, rey de Egipto, para en cambio, mantener su papel continuador del legado familiar. Su situación económica acomodada y su propia formación intelectual, le permitieron no depender de varón y centrarse en el cuidado y educación de sus hijos, legítimos herederos de la rama patricia de la Gens Cornelia y la Gens Sempronia.

Cornelia instruyó a sus hijos bajo la corriente del estoicismo griego, guiando su vida por principios de razón y virtud y promulgando valores como la solidaridad. Los hermanos maduraron tomando conciencia de clases, lo que les llevó a intentar implantar leyes reformadoras que mitigasen las desigualdades sociales. Sin embargo, la desgracia sobrevino a la familia y la Africana tuvo que sobrellevar la muerte de sus vástagos. Pasó sus últimos años de vida honrando la memoria de su padre, marido e hijos, acompañada de su hija Sempronia en su villa de Misenum.
LA PRESENCIA DE LA MATRIARCA DE LOS GRACO EN EL ARTE
La matrona disfruta de una considerable representación artística, gozando de relativo éxito en todas las épocas y estilos. Ya hemos mencionado que su influjo en el arte se desarrolló desde su contemporaneidad, con ejemplos tan representativos como su estatua en el foro romano. En Cornelia se personificó el ideal de mujer virtuosa, que sirvió para generar un pequeño repertorio de escenas que aleccionaban sobre los valores que toda buena mujer debía ostentar.

El episodio de la vida de la matrona que mayor éxito obtuvo fue el momento en el que Cornelia exhibe a sus hijos como su bien más preciado. La historia se desarrolla en la casa de una mujer aristócrata, quien le muestra sus alhajas más bellas y valiosas. La Escipiona, en contrapartida, llena de orgullo, señala a sus hijos diciendo: “estas son mis mejores joyas”. Cornelia demuestra así que la mujer virtuosa no necesita de bienes materiales para destacar. El episodio tampoco pasó desapercibido para artistas que hicieron crítica social de su época.

Más anecdótica será la representación del rechazo de Cornelia a la propuesta de matrimonio de Ptlomeo VIII. La romana se muestra con porte digno ante el rey que le ofrece la corona. Los niños estarán presentes en la escena y su madre los señala en clara similitud con el episodio “estas son mis mejores joyas”. Los artistas pretenden enfatizar la dignidad femenina a través de la fidelidad conyugal, y el sacrificio para legitimar el honor familiar.

La admiración por la dama romana la llevó a convertirse en leyenda, siendo inmortalizada por Dante Alighieri en la Divina Comedia, que la ubicó en el limbo, debido a su elevada moralidad. El mito de la hija de Escipión llegó a tal punto que algunas damas de la aristocracia europea se hicieron retratar como ella, apropiándose así de sus virtudes.
Su pertenencia a la galería de mujeres ilustres no decayó, y su figura llegó a ser alegórica. Así lo vemos en la obra escultórica de Levi Scofield denominada “ellos son mis joyas”. El título ya es claro en intenciones. Los padres de la nueva Norteamérica, militares y políticos que contribuyeron a la Unión durante la Guerra Civil, son los elegidos y herederos de la sabia matrona romana, la cual legitima sus valores en la nueva nación estadounidense.

EL PAPEL ANEDÓCTICO DE TIBERIO PADRE Y LA PEQUEÑA SEMPRONIA
Tiberio Sempronio Graco desempeñó las más altas magistraturas de la república romana, llegando a ostentar el cargo de cónsul y de censor. Pese a su importancia política e histórica, su presencia en la historia del arte ha sido prácticamente irrelevante, quedando eclipsado por la figura de su esposa e hijos. El dos veces cónsul no es incluido en los retratos familiares, plasmándose episodios o momentos en los que Tiberio ya había abandonado este mundo.
Esta invisibilidad es rota únicamente por un episodio de su vida que fue recogido por Plutarco en su obra “Vidas Paralelas”. El erudito narró que el político encontró dos serpientes en su lecho, un macho y una hembra. Al consultar sobre este hecho tan inaudito a los agoreros, éstos le señalaron que debía dar muerte a una de las dos serpientes. El deceso de la hembra conllevaría el fallecimiento de su esposa, y el asesinato del macho implicaría su propia defunción. Tiberio decidió acabar con la vida del macho debido al amor que sentía por su esposa.
Esta anédocta encajaba perfectamente con el ideal amoroso que defendían los pensadores neoplatónicos del siglo XV como Marsilio Ficino. Por ello, artistas de esta época lo tomaron como modelo y lo introdujeron en muebles de ajuares matrimoniales y en pinturas decorativas de dormitorios conyugales.

Por último, Sempronia Graco, la pequeña que sobrevivió a sus padres y hermanos, no ostentó la relevancia social de su madre, y su presencia de en las artes plásticas fue escasa, quedando habitualmente omitida en las imágenes de la familia Graco. En ocasiones, aparece representada de niña en la escena de “estas son mis joyas”. Sin embargo, la pequeña se muestra excluida de tan insigne distinción, quedando apartada de sus hermanos varones mientras estos son señalados por su madre. Ello no parece más que reforzar la idea de la herencia familiar a través de la vía masculina que ha caracterizado la sociedad occidental, relegando la figura femenina a su valor estratégico en las alianzas matrimoniales. Los artistas, en cambio, sí que enfatizaron el vínculo entre madre e hija, representando a la pequeña sosteniendo la mano de su madre o apoyándose con amor en su regazo.
